¨Él tomaba su segunda copa. El salón lucía delicadas lámparas que reflejaban pequeños juegos de luces a través de los cristales. Grandes sillones de terciopelo rojo decoraban el amplio espacio. Varias jóvenes reían en grupo, se veían elegantes, parecía que acababan de bajar del cielo con aquellos rostros de nieve. Sus vestidos de seda les daban el prestigio al que estaban acostumbradas, mientras sus cabellos impecables se recogían en lo alto de sus cabezas, haciendo que pareciesen intocables. Adrián terminó de un sorbo rápido su copa. Los hombres fumaban y hablaban de política, se veian cultos y bien educados. Daban las 11 en el gran reloj de pared que presidia la estancia. Copas, lazos, diamantes, cigarros en finos labios, perlas, brillantes zapatos, ellas, ellos. A los ojos de Adrián la escena de la adinerada sofisticación, la perfección en una imagen, la corrección. Los ceniceros se llenaban y las copas se vaciaban. Él iba a dar por finalizada su aburrida noche, entonces llegó ella. Llegó tarde, nadie parecía prestarle atención a aquella hermosa silueta que atravesaba el salón, sus pasos seguros hacían bailar con gracia sus caderas, la curva de su pequeña cintura y su suave pecho quedaban acentuados por un ceñido vestido que caia con peso hasta sus delgados tobillos. Él no supo si fue su impecable figura, su salvaje melena o su mirada adictiva, pero ella fue la razón para quedarse. ¨ Paula Fernández Morell.
Éste es un texto que realicé para inspirarme en mi colección Perdida en Blanco. Con un toque novelístico plasma a una mujer rodeada de un aura de misterio, belleza y seguridad.




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